The face of death – La carátula de la muerte


 

Decíamos ayer que las gentes – los niños incluidos – “parecen divertirse” con la fealdad y lo horripilante de la muerte, la carátula de la muerte, y de que tiene que haber una buena razón para que esto sea así. ¿Es que no les aterra lo que ella conlleva aparte de la fealdad (por eso la llaman los mejicanos “la esquelética”, “la huesuda”, “la fría”)? Naturalmente que les aterra, sólo pensarlo… La explicación de esta paradójica atracción – que lleva a la fascinación incluso (y si no, ¿por qué tantas películas de miedo? – es que la muerte se personaliza. La raíz del problema es simplemente el temor a lo desconocido; y si ese desconocido es nada menos que la nada (el olvido, la desaparición, el no-ser, o dejar de ser), que es a lo que parece apuntar la muerte, el sentimiento de temor se acrecienta.

La muerte, algo abstracto, desconocido, oscuro, sin una faz reconocible – un fantasma, precisamente – se personaliza, adquiere una cara, por repulsiva que sea. La misma figura tiene algo de humano. Seguirá siendo fea, naturalmente (y algo más que fea), pero el terror que pueda inspirar está ya un poco humanizado, es más casero, se diría, por tanto reconocible en un grado, y hay la posibilidad de un diálogo (“vete, vete, espera, aún no… give me a chance”); a lo mejor se apiada de nosotros o, bajando al nivel de un niño, incluso se hace amiga nuestra.

De ahí a inventarse un baile o un juego, con la participación de la Muerte misma, ya un poco amaestrada, hay sólo un paso. Un paso más y … no, no llega a convertirse en un juguete, a diferencia de los monstruos, que se convierten en monstruitos, al parecer favoritos de muchos pequeños. A la muerte todavía se la respeta, no sea que… . En todo caso, la vida era más difícil para los niños de hace treinta o cuarenta o más años. Allí no había paliativos. El monstruo era, o parecía ser, un verdadero monstruo (pregúntenselo a quienes recuerdan a Frankenstein, la frente abombada y el cuerpo todo vendado, recién salido de un sepulcro, telarañas y todo).

Una pregunta: ¿A quién se le debe temer más, a la muerte ‘en persona’, o al diablo ‘en persona’? Después de todo son dos caracteres diferentes, y ciertamente nada atractivos, !ninguno de los dos! Los dos tienen una función, o simbolizan diferentes aspectos de la vida terrestre, y los dos son ineludibles, ineluctables, por usar una palabra más difícil. Pero esto es ya otro tema a desarrollar.

      (mañana en inglés – tomorrow in English)

 

About amartingarcia

General surgeon (retired). Studied Western philosophy at U of Toronto. Afterwards interest turned to advaita vedanta and non-duality for past 20 yrs, plus a long interlude in Sufism coinciding with that period. Now contributing in ’Advaita Vision’ with regular posts and discussions.
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